volición

 

  • Pronunciación:  [ bo.li.ˈθjon ] (AFI)
  • Etimología: del latín volo (“quiero“)

Sustantivo femenino

Singular Plural
volición voliciones
1 Filosofía y Psicología.
Acción voluntaria

2
Deseo o determinación de pasar al acto.

La conducta cotidiana de los seres humanos está guiada por mecanismos de autorregulación.

SECUENCIA DE LA CONDUCTA.

Fase ponderativa  (elige y decide a qué objetivos dirigir a conducta).

Las personas ponderan esencialmente dos aspectos: el valor de cada una de las metas y las posibilidades que cree tener de alcanzarlas.

Fase pre-ejecutiva (planifica).

La persona debe querer llevar la conducta a cabo. La tarea esencial en esta fase es la planificación detallada de las circunstancias en que se llevará a cabo la conducta (cómo, cuándo, dónde, por cuánto tiempo, etc.).

Fase ejecutiva (lleva a cabo la conducta dirigida al logro de una meta propuesta).

El mantenimiento de la conducta sera determinado por la intensidad del compromiso asumido de llevarla a cabo y las estrategias específicas mediante las que el sujeto procurará mantener el control sobre su conducta.

Fase retrospectiva (valora su esfuerzo y los resultados obtenidos).

La persona procede a una doble valoración: por un lado, de los resultados alcanzados, y por otro, si los resultados alcanzados merecían el esfuerzo invertido. Para llegar a estas valoraciones finales el sujeto retoma prácticamente las deliberaciones efectuadas en la primera fase, y evalúa la eficacia de la planificación de conducta, así como de cada uno de los pasos efectivamente dados para dar cumplimento a dicha planificación.

MOTIVACIÓN Y VOLICIÓN.

La motivación externa no es suficiente para que la conducta se active. Además es imprescindible que el individuo asuma el compromiso de poner en marcha la conducta y se esfuerce por mantenerla hasta alcanzar la meta, poniendo en juego las estrategias apropiadas para hacer frente a los obstáculos que a buen seguro encontrará en el camino. A este compromiso de conducta y esfuerzo consiguiente llamamos voluntad.

El concepto de set-mental y sus implicaciones.

Cuando uno está realizando una tarea se asume que se desarrolla un set-mental (un estado de funcionamiento cognitivo), relacionado con las demandas de la tarea, cuya finalidad es favorecer el desarrollo de la tarea, y que condiciona:

  • el tipo de información que se atiende y procesa;
  • cómo se procesa dicha información;
  • y grado de apertura a recibir y procesar información nueva.

A cada fase de la secuencia conductual corresponde un set-mental. En este sentido, podría hablarse de 4 set-mentales, correspondientes a las fases mencionadas. No obstante, nos referiremos exclusivamente a los que denominaremos set-motivacional (fases predecisional y evaluativa) y set-volitivo (fases preejecutiva y ejecutiva).

set-mental motivacional.

El set-mental activado durante las fases de deliberación y evaluación de resultados se caracteriza por las siguientes notas:

Procesamiento de información congruente:

cuando de lo que se trata es de elegir el objetivo, serán más accesibles aquellas informaciones relativas a la bondad de las distintas metas posibles y la posibilidad relativa de alcanzar unas u otras. En el momento de la evaluación, por su parte, serán mucho más accesibles, cognitivamente hablando, aquellas informaciones que permitan al individuo establecer el contraste entre lo proyectado y lo logrado y valorar los distintos pasos del proceso por el que ha llegado a lograr los resultados que está valorando.

Objetividad e imparcialidad del procesamiento de la información:

se postula que el procesamiento de la información en estas fases será imparcial, carente de sesgos que puedan llevar a la formulación de unos objetivos de conducta incorrectos que abocarían fácilmente al individuo a la frustración y al desaliento.

Apertura a la información:

que le pueda ayudar a establecer sus objetivos.

set-mental volitivo.

Procesamiento de información congruente:

aquélla relativa a las circunstancias en que se debe realizar la conducta, la naturaleza de la tarea a llevar a cabo y las características positivas de la meta por cuyo logro se está esforzando. Este tipo de información adquiere primacía frente a aquella otra que pudiera conducir a replantearse la bondad o conveniencia del objetivo fijado.

Sesgo optimista:

Lo esperable es que el individuo localice su atención en aquellos aspectos e informaciones que no pongan en cuestión la elección que se ha hecho y refuercen el esfuerzo que se realiza.

Procesamiento restrictivo:

el individuo restringe su atención solamente a aquella información que puede ser relevante para mantener el valor de la meta y el esfuerzo que se está realizando.

EVIDENCIA EMPÍRICA.

 

PROCESAMIENTO DE INFORMACIÓN CONGRUENTE.

Gollwitzer, Heckhausen y Steller sometieron a prueba la siguiente hipótesis: el set-mental favorece el procesamiento de la información congruente con la fase conductual en que se encuentra el individuo. Aquellos que se encontraban en un set motivacional, en una tarea de memoria recordarían mayor cantidad de información relativa a expectativas, valores, consecuencias. Aquellos que ha habían tomado una decisión (condición volitiva) recordarían mayor cantidad de información relativa a circunstancias y estrategias para realizar la conducta.

La conclusión es que pedir a los sujetos que se preparen para tomar una decisión (condición motivacional) o para llevar a cabo una decisión previamente tomada (condición volitiva) activa un estado de funcionamiento cognitivo (deliberación-ponderación vs. Implementación) que hace más saliente la información congruente con dicho estado y facilita su procesamiento.

¿sesgos en el procesamiento de la información?

Una segunda característica que diferencia el funcionamiento cognitivo de los sujetos que se encuentran en la fase predecisional, a distinción de quienes ya han tomado una decisión y están considerando cómo u cuándo llevarla a la práctica, es la parcialidad o imparcialidad con que se procesa la información.
La hipótesis es que mientras el individuo está ponderando los pros y contras de tomar una determinada decisión, procesará la información de manera más realista e imparcial, que cuando ya ha tomado la decisión y está considerando la estrategia más adecuada.
Para analizar este supuesto, Taylor y Gollwitzer llevaron a cabo una serie de experimentos en los que esencialmente estudiaron el efecto que sobre la valoración de sí mismo y la percepción de riesgo de sufrir determinados accidentes y problemas, tenía la inducción de set mentales motivacionales o volitivos. La hipótesis fue que cuando los sujetos ya han tomado una decisión y se encuentran planificando la estrategia concreta para darle cumplimiento, mostrarán una percepción de sí mismo significativamente más optimista y positiva, encontrándose precisamente este resultado.

¿restricción o apertura a la información?

La hipótesis general en este caso diría que en la fase previa a la toma de decisión los sujetos se encontrarían abiertos y procesarían mayor cantidad de información que aquellos que ya han tomado la decisión y se preparan para llevarla a término.
Este mecanismo favorecería el que no escape a la atención del individuo información que podría ser relevante a la hora de tomar una decisión, mientras, por otro lado, al restringir el campo atencional protegería la decisión ya tomada evitando que el individuo vuelva una y otra vez a replantearse la decisión tomada, dificultando de esta forma el inicio de la conducta apropiada.

CONTRIBUCIÓN DE LOS PROCESOS VOLITIVOS.

La evidencia disponible nos indica que el análisis de potenciales metas o alternativas de conducta, la ponderación de las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas y la valoración de su viabilidad y repercusión emocional, confluyen en la creación del estado motivacional que llevará finalmente a tomar la decisión de actuar en una dirección u otra; elegir uno u otro objetivo de conducta.
Pero, de igual manera, se puede afirmar que en muchas ocasiones la decisión tomada, incluso estando respaldada por una intensa base motivacional, no parece suficiente para iniciar la conducta consecuente con tal decisión. Este es el caso, por ejemplo, de conductas nuevas o que, aun teniendo claros beneficios futuros y resultando, por ello, atractivas, su implantación supone un elevado coste inicial para el individuo.

hipótesis y evidencia empírica.

En estas circunstancias es preciso el concurso de la voluntad, de procesos de autorregulación que, a la postre, se concretan en la determinación y el compromiso de poner los medios necesarios para el logro del objetivo fijado, para hacer realidad la decisión adoptada. Con esta finalidad los seres humanos disponen de estrategias que hacen operativos estos procesos volitivos. Entre ellas, y de especial relevancia por cuanto facilita el inicio de la conducta, está la planificación cuidadosa y detallada de las circunstancias en que se iniciará y llevará a cabo.

En 1997, Gollwitzer y Brandstätter llevaron a cabo una serie de experimentos que apoyan e ilustran claramente las argumentaciones expresadas. La simple formulación de la intención de conducta, la sola toma de decisión, es insuficiente en la mayoría de los casos para poner efectivamente en marcha la conducta congruente con la decisión adoptada.

El tomar una decisión y la formulación de la intención de conducta consiguiente dependen fundamentalmente de factores motivacionales, apoyados, a su vez, en procesos cognitivos y emocionales. Mientras que la ejecución de la conducta y la persistencia en la misma hasta alcanzar el objetivo propuesto son más bien función de estrategias autorreguladoras-volitivas, mediante las que el individuo define las condiciones y el modo (estrategias) en que va a controlar las circunstancias que acompañarán el desarrollo de la conducta y que pueden facilitar o entorpecer su realización.
Las estrategias autorreguladoras, volitivas, se ven favorecidas, asimismo, por factores motivacionales como la importancia y valor de la meta propuesta, la confianza que uno tenga en sí mismo y en la capacidad para hacer frente a las dificultades con que uno puede encontrarse en la prosecución de la meta, o la intensidad con la que se ha comprometido a llevar a cabo la decisión tomada.

mecanismos explicativos.

Dos han sido los mecanismos propuestos para explicar que contextualizar la intención de conducta facilita el inicio y desarrollo de las acciones consistentes con tal intención:

Por un lado, al identificar las circunstancias específicas en que se llevará a cabo la conducta, aquéllas se hacen más salientes, manteniéndose activas cognitivamente, focalizando la atención sobre las mismas y favoreciendo su procesamiento más eficaz.

Por otro lado, el establecimiento de la asociación entre tales circunstancias y la conducta, favorece que aquéllas actúen como auténtico disparador de la conducta, facilitando su inicio inmediato y automatización una vez presentadas las circunstancias anticipadas.

Los datos de estudios sobre el tema prestan un apoyo significativo a las ideas siguientes:

  • El empleo de estrategias autorreguladoras-volitivas, como, en este caso, la planificación de las circunstancias en que se ejecutará la conducta, favorece su inicio y desarrollo.
  • La activación cognitiva de los elementos contextuales a los que se asocia la ejecución de la conducta, facilita su más rápido y eficaz procesamiento.

La significativa concordancia entre planificación y ejecución efectiva de la conducta, apoya la idea de que tales eventos situacionales se convierten en auténticos elicitadores de la conducta, que se activaría de manera automática en cuanto aquellos estén presentes, sin necesidad de que el individuo sea enteramente consciente de ello.
El nexo cognitivo establecido entre factores contextuales y la conducta planificada felicitaría la implantación y automatización de la misma.

La disminución del peso que la experiencia conductual previa tiene sobre la conducta futura en aquellos sujetos que han planificado su ejecución, indica que esta estrategia (el establecimiento de un nexo cognitivo contexto-conducta por simple repetición cognitiva) podría ser tan eficaz, si no más, que la repetición conductual de la asociación contexto-conducta para modificar la conducta del individuo o implantar conductas nuevas.

utilidad de la planificación como estrategia autorreguladora.

La planificación de las circunstancias en que se realizará la conducta con la que uno se ha comprometido está indicada para facilitar el inicio de la conducta motivada, de manera especial en aquellos casos en los que la conducta no está aún sólidamente establecida en el repertorio de conductas de la persona, o su ejecución supone un coste o requiere un esfuerzo importante, al menos en sus estadios iniciales.

Pero es más, se aporta evidencia que sugiere que también facilita la persistencia en la conducta hasta alcanzar la meta, al menos durante los intervalos de tiempo contemplados en las distintas investigaciones, facilitando, además, su automatización e incorporación al repertorio de conductas habituales del individuo.

pedante

La palabra “pedante” es habitualmente utilizada de forma negativa para señalar a aquella persona engreída que hace un excesivo alarde de erudición y/o sabiduría (la tenga o no).

Pero no siempre tuvo la connotación negativa que hoy día tiene, sino que pedante era como se le llamaba antiguamente a los maestros que enseñaban a domicilio, yendo a los hogares de los propios niños a enseñarles, entre otras cosas, la gramática.

Dicha palabra que servía para referirse al maestro pasó a tener la connotación negativa a la que me refería por una sencilla razón: muchos eran los maestros que se ofrecían para ir a dar las lecciones a los hogares y pocas las casas a las que ir, por lo que las pruebas para acceder a dicho trabajo, que realizaban los señores que querían contratar a un maestro que fuese a enseñar a sus hijos, eran muy estrictas y selectivas.

Ello provocaba que cada aspirante al puesto fuese altamente preparado y dispuesto a saber más que el otro, por lo que esa revalidad entre candidatos hacía que sobresaliesen aquellos más resabidos y listos, siendo los elegidos para el empleo de pedante, por lo que con el tiempo se comenzó a utilizar este término para referirse al tipo de personas que describía al inicio del post.

Donde ya no concuerdan todos los historiadores es sobre el origen de la palabra, y aunque la mayoría apuntan a que deriva de “pedagogo” (persona que tiene como profesión educar a los niños), otros se inclinan por el término en latín “pedís” cuyo significado es pie (y del que ha derivado palabras como pedal, pedestal, pedestre…). Se apoyan en este origen debido a que la mayoría de esos maestros que iban a enseñar a las casas lo hacían yendo a pie.

La tipografía

La tipografía (del griego τύπος típos, golpe o huella, y γράφω gráfο, escribir) es la forma gráfica de expresar el lenguaje. Se puede ver como el arte y técnica del manejo y selección de tipos, originalmente de plomo, para crear trabajos de impresión. 

Estos tres signos (guion, raya y menos) son tan similares que a menudo se confunden, hasta el punto de que no es raro que a todos se los llame guiones. Pero hagamos un poco de historia.

Si retrocedemos medio siglo veremos que en las cajas españolas había sólo dos signos de la familia: raya y guion. A la raya también se la llamaba menos, sobre todo por los tipógrafos, porque estaba diseñada de forma coherente con elmás (+) para que pudiera cumplir esa función matemática.

Llegan los sistemas electrónicos y aparece lo que los ingleses llaman en dash y que en español no se había usado. Por tanto era necesario encontrarle un nombre y por ello se ha propueso reasignar menos. Sin embargo, ese nombre es incorrecto porque también ha aparecido otro signo cuyo diseño corresponde al del más y que es más propiamente el menos. Por esa razón y porque suele ser la mitad de la raya, yo la llamo semirraya (otro nombre es raya menor).

Rayas

La figura de ejemplo muestra los cuatro símbolos en la fuente Palatino. En ella se ve que el guion y la raya, a pesar de su similitud superficial, siguen patrones de diseño bien distintos: el guion es algo más grueso y, este caso, tiene los extremos inclinados, mientras que el menos es algo más elevado para que se combine mejor con las cifras y siempre tiene un diseño muy sencillo (en otras fuentes es incluso algo más largo que la semirraya). Aquí se ve claramente lo inapropiado de tratar todos estos signos como simples variantes del guion. (Naturalmente, otras fuentes tienen diseños distintos.)

La raya suele indicar separación: en las intervenciones en los dialogos, para incisos que no tienen mucha conexión con el contexto, para introducir un nuevo elemento en una lista, etc. También reemplaza en ocasiones a una palabra o grupo de palabras que no se quieren repetir. (Más en Rayas de inciso y de diálogo.)

El guion, en cambio, suele implicar unión: de palabras (científico-técnico), en elementos de palabras (intra-, -ado), a final de reglón para indicar que la palabra continúa en la siguiente línea, en intervalos de cifras (18-24), etc.

El menos es un signo matemático para la resta o en los números negativos.

Y finalmente, tenemos la semirraya, que en español no se había empleado pero que ahora se ve en ocasiones como reemplazo de la raya en medidas cortas, aunque tal uso sea discutible. Es frecuente que, por tener un tamaño intermedio entre el guion y la raya, se confunda con el menos, pero se trata de signos distintos.

Aquí va una pequeña presentación de los tipos de comillas que hay y en los siguientes artículos ampliaré la información de cada uno de ellos. Tenemos estos tipos de comillas y todos son signos dobles (abren y cierran):

– Comillas latinas (« »): también denominadas bajas, españolas o francesas, son angulares y parece ser que derivan de las antilambdas. Como signo doble que es, abre y cierra disponiendo un par al inicio y otro par al final. Son las más habituales en español, aunque de un tiempo a esta parte están perdiendo protagonismo.

– Comillas angulares (‹ ›): derivan de las latinas y al igual que ellas tienen un trazo con contraste en consonancia con la línea de diseño de la fuente en la que están incluidas. En español no tienen ningún uso concreto aunque en otros idiomas sí lo tienen.

– 
Comillas inglesas (“ ”): también denominadas altas. Son más redondeadas y pueden tener la apertura y el cierre simétrico o inverso. Cada vez es más habitual encontrarlas en textos en español y no me opongo, a pesar de que algunos ortotipógrafos no recomiendan su uso independientemente; sólo para citas ya contenidas en comillas latinas.

– 
Comillas simples o sencillas (‘ ’) pueden utilizarse dependientemente (para contener porciones de texto ya encerrados entre comillas) o independientemente (metalenguaje).

– 
Comillas mecanográficas sencillas (‘ ’)  y dobles (” ”). Son una variante de las inglesas, procedentes de la mecanografía. No tienen curva, sino que son completamente rectas. Son poco recomendables, aunque veremos la razón en los siguientes artículos. ­

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ἄβυσσος

ABISMO

La palabra abismo viene del gr. “abissos” (ἄβυσσος), es una variante derivada de “abythós” (ἄβυθός), que tienen el mismo significado: Sin fondo. Pasó al latín con el término “abisus” (abyssus) que significaba: Profundidad, infierno. De éste derivó el superlativo de uso vulgar “abisimus” (abyssimus): Muy profundo. Tras perder la (i), abyss(i)mus se transformó en el vocablo español abismo.

Se originó a partir de los vocablos:

  1. Del gr. “a-”  (ἄ-), partícula que niega la palabra que le precede: Sin
  2. Del gr. “Bizós” (βυθός), que significa: fondo

CONCLUSIÓN: Un lugar que no tiene fondo, gran profundidad.

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acrónimo

En lingüística moderna, un acrónimo (del griego ἄκρος, transliterado como akros ‘extremo’ y ὄνομα, tr. como ónoma ‘nombre’) puede ser una sigla que se pronuncia como una palabra —y que por el uso acaba por lexicalizarse totalmente en la mayoría de casos,1 como láser (Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation)— o también puede ser un vocablo formado al unir parte de dos palabras. Este último tipo de acrónimos funden dos elementos léxicos tomando, casi siempre, del primer elemento el inicio y del segundo el final, como bit (Binary digit).

El significado de un acrónimo es la suma de los significados de las palabras que lo generan. Por ejemplo, el término telemática procede de telecomunicación e informática, que a su vez es acrónimo de información y automática.

Una sigla es el resultado de un proceso de creación de una palabra a partir de cada grafema (letra) inicial de los términos principales de una expresión compleja.

Ejemplo de una sigla legítima es ONU (Organización de las Naciones Unidas) porque se ha tomado la inicial de los tres términos principales (organización, naciones y unidas) y no de los secundarios (de y las); términos principales son sustantivos, adjetivos y verbos, mientras que secundarios son los morfemas independientes: determinantes, preposiciones y conjunciones.

Un ejemplo de sigloide que incorpora varios grafemas de un término es Renfe (o ReNFE), Red Nacional de Ferrocarriles Españoles. Un ejemplo de la incorporación de términos secundarios es PYME (o PyME), pequeña y mediana empresa.

A veces ciertas siglas llegan a convertirse en vocablos comunes. Así, OVNI dejó de ser solo una sigla de ‘objeto volador no identificado’ para transformarse en una palabra común con una grafía distinta: ovni. Del mismo modo, la sigla PYME y la abreviación SIDA (transformación de un acrónimo a partir de una sigla) se han convertido en palabras comunes y, por consiguiente, se escriben siguiendo las normas comunes: pyme y sida, respectivamente. Algunos ejemplos:

Campi

Sustantivos y adjetivos terminados en -s o en -x. Si son monosílabos o polisílabos agudos, forman el plural añadiendo -es: tos, pl. toses; vals, pl. valses, fax, pl. faxes; compás, pl. compases; francés, pl. franceses. En el resto de los casos, permanecen invariables: crisis, pl. crisis; tórax, pl. tórax; fórceps, pl. fórceps. Es excepción a esta regla la palabra dux, que, aun siendo monosílaba, es invariable en plural: los dux. También permanecen invariables los polisílabos agudos cuando se trata de voces compuestas cuyo segundo elemento es ya un plural: ciempiés, pl. ciempiés (no ciempieses); buscapiés, pl. buscapiés..

Diccionario panhispánico de dudas ©2005
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Así pues, en español el plural de campus es campus. Por más que en latín sea campus-campi

Sintagma

El sintagma (del griego σύνταγμα syntagma ‘arreglo, coordinación, agrupación -ordenada-‘) es un tipo de constituyente sintáctico formado por un grupo de palabras que forman otros sub-constituyentes, al menos uno de los cuales es un núcleo sintáctico. Las propiedades combinatorias de un sintagma se derivan de las propiedades de su núcleo sintáctico, este hecho se parafrasea diciendo que “un sintagma se caracteriza por ser la proyección máxima de un núcleo”. Por su parte el núcleo sintáctico es la palabra que da sus características básicas a un sintagma y es por tanto el constituyente más importante o de mayor jerarquía que se encuentra en su interior.

La noción de sintagma varía ligeramente de una propuesta de teoría sintáctica a otra. Por ejemplo, en el enfoque de la teoría de rección y ligamiento la estructura básica de un sitagma es la dada por la teoría de la X’ (X-barra), aunque en otros enfoques generativistas más modernos se abandonaron algunos de los supuestos asociados a dicha teoría.

Cada sintagma posee una función sintáctica específica dentro de la oración. A diferencia de la oración, los sintagmas no poseen una entonación específica (al menos en español). Desde el punto de vista jerárquico sintagma es un constituyente sintáctico inmediatamente superior al constituyente no-sintagmático, que a su vez es el rango inmediatamente superior a la palabra y al núcleo sintáctico. Es decir, un sintagma en general será una unidad sintáctica formada por un conjunto de palabras y morfemas organizados jerárquicamente en torno a un núcleo sintáctico, de tal manera que todos esos elementos juntos desempeñan una función sintáctica o relación gramatical.

Todas las oraciones son inmediatamente descomponibles en sintagmas (la oración misma puede considerarse un macrosintagma) y los sintagmas pueden engancharse, depender o girar unos en torno a otros mediante relaciones sintácticas de parataxis (coordinación), hipotaxis (subordinación) o relaciones morfosintácticas de concordancia, también por relaciones semánticas de cohesión y congruencia denominadas coherencia textual. La composición interior del sintagma varía desde sintagmas con una sola palabra que funciona como núcleo, hasta aquellos en los que se encuentran varios sintagmas dependientes de uno central o incluso una proposición subordinada al núcleo del sintagma.

Un sintagma puede ser obligatorio por haber sido seleccionado por un núcleo sintáctico (por ejemplo un verbo transitivo requiere un SD, SN o pronombre como complemento, una preposición requiere un SN o SD, etc.). A ese sintagma se le denomina argumento o complemento sintáctico. El sintagma no seleccionado por el predicado es siempre opcional y se le denomina adjunto sintáctico.

Comúnmente se ha aceptado que el sintagma puede ser verbal, nominal, adjetivo, adverbial, preposicional (en algunas lenguas es conveniente distinguir además el sintagma determinante). Más recientemente se han introducido también sintagmas asociados a categorías funcionales que son además del sintagma determinante, el sintagma complementador y el sintagma de tiempo (o inflexión).

La hipótesis de que existe un sintagma determinante encabezado por un determinante, en lugar del análisis clásico de que los determinantes son meros formantes del sintagma nominal, permite explicar algunas características comunes a pronombres y determinantes, que se dan en ciertas lenguas. Por ejemplo en las lenguas románicas varios clíticos de tercera persona tienen la misma forma que los artículos, esto se debe a razones históricas, aunque la introducción de la hipótesis del sintagma determinante puede explicar de manera natural este y otros hechos más complejos de las lenguas romances y otras lenguas.

En lingüística, más precisamente dentro del marco del Programa Minimalista de la Gramática generativa chomskyana, el término ensamble (en inglés, Merge) es la operación sintáctica mínima mediante la cual se construyen las relaciones jerárquicas que subyacen a la estructura de una oración.

La recursividad se considera un requisito mínimo y elemental de cualquier teoría sintáctica el formalizar la capacidad humana de generar infinitas oraciones a partir de un número limitado de elementos (Infinitud discreta). Esto se logra en el Programa Minimalista a través de la aplicación sucesiva y recursiva del Ensamble: el objeto {A {A, B}} puede ensamblarse a un nuevo objeto sintáctico C para obtener {C {C, {A {A, B}}}}, un objeto sintáctico que reúne los rasgos de C y {A {A, B}} que posee a C como etiqueta.

En sintaxis, un sintagma determinante es un tipo de sintagma en el que el núcleo sintáctico es un determinante. En el análisis moderno muchos sintagmas considerados previamente como sintagmas nominales son analizados ahora como sintagmas determinantes lo cual permite explicar algunos hechos previamente inexplicados de la estructura sintáctica. Por ejemplo, en la frase el niño pequeño, el núcleo del sintagma determinante es el, siendo el sintagma nominal niño pequeño su complemento.

Un determinante es un morfema que, siendo adyacente un sintagma nominal, forma con él un sintagma determinante cumpliendo la función de especializarlo o cuantificarlo. Existen fundamentalmente cuatro tipos: predeterminantes, actualizadores (artículo, posesivo, demostrativo, …), cuantificadores e interrogativo-exclamativos.

Algunos determinantes pueden posponerse, pero entonces cabe llamarles más bien adjetivos determinativos: “El libro ese“. Los determinantes se utilizan para señalar el objeto al que se refieren y delimitar su significado.

Los determinantes son unidades gramaticales que permiten o bien limitar el referente potencial de un sintagma nominal (SN), o bien cuantificar este SN.

En español, la clase de determinantes incluye el artículo, los demostrativos, los posesivos, los cuantificadores (numerales e indefinidos), así como una serie de elementos léxicos que indican identidad o cantidad: otro, diversos, incontables.

Su distribución es siempre prenominal, es decir, preceden de un nombre común, con el que concuerdan en género y número. Los determinantes y el orden de los mismos están restringidos de forma que no puede decirse: *ese su libro, *todas tres personas; al no poder combinarse demostrativos y cardinales o todo y demostrativos, solo pueden hacerlo en un orden determinado: estos tres libros, todos estos años.

Los determinantes pueden ser: artículos, demostrativos, posesivos, indefinidos, numerales, e interrogativo-exclamativos.

 

Tipos de determinantes en español

En español la clase de determinantes incluye a toda palabra variable según género y/o número que acompaña y presenta al sustantivo. Concuerda con él en género y número. Considerando el artículo dentro de una categoría más general, la de los determinantes, pueden dividirse estos en tres tipos, actualizadores, cuantificadores e interrogativos.

  • Los actualizadores presentan al sustantivo, núcleo del sintagma nominal, y lo ubican en el espacio y en el tiempo. Los cuantificadores, por el contrario, miden al sustantivo núcleo del sintagma nominal. Los interrogativos preguntan por el núcleo del sintagma nominal. Los actualizadores son cuatro:
    • el predeterminante todo-a-s, que puede preceder a los demás determinantes y delimita la integridad del sustantivo núcleo del sintagma nominal;
    • el artículo, que presenta al sustantivo en un espacio y un tiempo concreto (el, la, lo, los, las);
    • el posesivo, que señala la pertenencia del sustantivo a un elemento de la situación o contexto (mi, tu, su, nuestro, vuestro y sus femeninos y plurales), así como cuyo-a-s, que también funciona como pronombre relativo, y
    • el demostrativo, que sitúa al sustantivo en un lugar más o menos próximo o lejano (este, ese, aquel y sus femeninos y plurales)-
  • Los cuantificadores se agrupan en dos grandes clases:
    • los numerales, que miden de forma precisa el sustantivo núcleo del sintagma nominal. Los numerales pueden ser:
      • cardinales (correspondientes a la serie de los números reales: un, dos, tres, cuatro
      • ordinales (que señalan precedencia o seguimiento en una lista: primer, segundo, tercer, cuarto…);
      • multiplicativos (que multiplican el número del núcleo del sintagma nominal: doble, triple, cuádruple, quíntuple, séxtuple, séptuple, óctuple, nónuple, décuple, undécuple, dodécuple…),
      • divisores o partitivos, que dividen el núcleo del sintagma nominal (medio).
      • distributivos, que reparten el núcleo del sintagma nominal (ambos, sendos)
    • Los extensivos o indefinidos, que lo miden o evalúan de forma imprecisa. Los extensivos cuantifican de forma imprecisa el núcleo del sintagma nominal: algún, cierto, otro, mucho, poco, bastante, etc.
  • Los interrogativo-exclamativos preguntan por el núcleo del sintagma nominal: qué, cuál libro. Tradicionalmente se les llama interrogativos o exclamativos según el tipo de proposición en la que se encuentren. También reciben este nombre los pronombres interrogativo-exclamativos, sin embargo son una categoría separada.

Predeterminante es aquella clase de palabra que puede situarse delante de los demás determinantes (en español, solamente la palabra todo, como en “todo el libro”).

El análisis generativista que usa el sintagma determinante (SD) aprecia una conexión importante entre pronombres y determinantes. Dentro de la hipótesis del sintagma determinante por ejemplo los artículos de las lenguas romances son vistos como un núcleo sintáctico, más que como un especificador del nombre. Esta hipótesis explicaría la coincidencia de forma de los clíticos verbales de tercera persona en las lenguas románicas y los artículos definidos. Si se concibe a los determinantes como núcleos sintáctos, los artículos no serían otra cosa que un núcleo acompañado de un complento (el SN) y los clíticos verbales como el determinante desnudo sin complemento. Eso explicaría frases como:

Cómete [SDla manzana]
¡Cómetela! = Cómete[SDla Ø]