Salinas y Rocha

Entre las añoranzas de lo perdido tengo el dulce recuerdo de las casas del viejo Monterrey, con sus paredes de sillar y altisimos cielos, y sus puertas disfrazadas de ventanas. El olor a tierra humeda y la sensación de frescor aún en los dias más calientes. Un ejemplo más de como despreciamos la invaluable a cambio de polvo y sangre. Recuerdo el misterio de la construcción de la macroplaza, cuando edificios increibles, hermosos, llenos de historia fueron demolidos para poner una explanada sin sentido o uso alguno. Como se llevaron semanas para derrumbar el edificio de Salinas y Rocha. Primero intentaron con un bola de hierro gigante que apenas y marcaba las paredes y finalmente lo tuvieron que dinamitar no se cuantas veces. Pensaba yo que hiban a poner alguna cosa fantatica, inimaginable en su lugar. Destruir algo tan hermoso y tan bien hecho, cuyos construtores pensaron ilusamente en siglos seguramente seria para construir algo digno de un faraon egipcio. Ya esta muerto pero igual: ¡Chinga tu madre Martinez Dominguez!

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo (24 August 1899 – 14 June 1986), known as Jorge Luis Borges (Spanish pronunciation: [ˈxorxe ˈlwis ˈβorxes]), was an Argentine writer, essayist, poet and translator born in Buenos Aires. In 1914 his family moved to Switzerland where he attended school, receiving his baccalauréat from the Collège de Genève in 1918. The family travelled widely in Europe, including stays in Spain. On his return to Argentina in 1921, Borges began publishing his poems and essays in surrealist literary journals. He also worked as a librarian and public lecturer. In 1955 he was appointed director of the National Public Library (Biblioteca Nacional) and professor of Literature at the University of Buenos Aires. In 1961 he came to international attention when he received the first ever Prix International, sharing the award with Samuel Beckett. In 1971 he won the Jerusalem Prize. His work was translated and published widely in the United States and in Europe. Borges himself was fluent in several languages. Borges had dedicated his final work, Los Conjurados (The Conspirators), to the city of Geneva, Switzerland, and it was there, in 1986, that he chose to die.[2]

His work embraces the “character of unreality in all literature”.[3] His most famous books, Ficciones (1944) and The Aleph (1949), are compilations of short stories interconnected by common themes such as dreams, labyrinths, libraries, animals, fictional writers, religion and God. His works have contributed to the genre of science fiction as well as the genre of magic realism, a genre that reacted against the realism/naturalism of the nineteenth century.[4][5][6] In fact, critic Angel Flores, the first to use the term, set the beginning of this movement with Borges’s Historia universal de la infamia (A Universal History of Infamy) (1935).[7] Scholars also have suggested that Borges’s progressive blindness helped him to create innovative literary symbols through imagination.[8] His late poems dialogue with such cultural figures as Spinoza, Camões, and Virgil.

His international fame was consolidated in the 1960s, aided by the “Latin American Boom” and the success of Gabriel García Márquez‘s Cien Años de Soledad (One Hundred Years of Solitude).[4] Writer and essayist J. M. Coetzee said of him: “He, more than anyone, renovated the language of fiction and thus opened the way to a remarkable generation of Spanish American novelists.”[9]

Va pensiero

El último 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentar la realidad. Italia festejaba el 150 aniversario de su unificación, por tal motivo, en esa ocasión se dio en la Ópera de Roma la ópera “Nabucco” de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti. “Nabucco” es una obra tanto musical como política: evoca el episodio de la esclavitud de los judíos en Babilonia, y su famoso coro “Va pensiero” es el canto de los esclavos oprimidos. En Italia, este canto es el símbolo de la búsqueda de libertad del pueblo, que a fines del siglo XIX -época en que se escribió la ópera – estaba oprimido por el imperio de los Habsburgo, al que combatió hasta la ceación de la Italia unificada. Antes de la representación de marzo pasado, Gianni Alemanno, alcalde de Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso denunciando los recortes al presupuesto de cultura que hizo el gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y viejo ministro de Berlusconi. Esta intervención política, en un momento cultural de los más simbólicos para Italia, produciría un efecto inesperado, puesto que Berlusconi en persona asistía a la representación.

Relatado luego por el Times, Ricardo Muti, director de la orquesta, contó que fue una verdadera velada de revolución: “Al principio hubo una gran ovación en el público. Luego comenzamos con la ópera. Se desarrolló muy bien hasta que llegamos al famoso canto “Va pensiero”. Inmediatamente sentí que la atmósfera se tensaba en el público. Hay cosas que no se pueden describir, pero uno las siente. Era el silencio del público que se hacía sentir. Pero en el momento en que la gente se dio cuenta que empezaba el “Va Pensiero”, el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción visceral del público ante el lamento de los esclavos que cantan: “Oh patria mía, tan bella y perdida.”
Cuando el coro llegaba a su fin, ya se oían en el público varios “bis”. El público comenzó a gritar: “¡Viva Italia!”, “¡Viva Verdi!”, “¡Larga vida a Italia!”. La gente en el gallinero comenzó a arrojar papeles con mensajes patrióticos. En una única ocasión Muti había aceptado hacer un bis para el “Va Pensiero”, en la Scala de Milán en 1986, puesto que para él la ópera no debe sufrir interrupciones. “Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo”, relata. Pero el público ya había despertado su sentimiento patriótico. En un gesto teatral, Muti se dio vuelta y miró al público y a Berlusconi a la vez, y dijo:

“Sí, estoy de acuerdo con esto. ‘Larga vida a Italia’. Pero…
Ya no tengo más 30 años y he vivido mi vida, pero recorrí mucho el mundo, y hoy tengo vergüenza de lo que sucede en mi país. Entonces accedo a vuestro pedido de un bis para el ‘Va Pensiero’, nuevamente. No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía el Coro que cantó ‘Ay mi patria, tan bella y perdida’, pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria estaría en verdad ‘bella y perdida'”.

(Aplausos , incluidos de los artistas en escena)

Continuó: “Ya que reina acá un clima italiano, yo, Muti, me callé la boca muchos años. Quisiera ahora… tendríamos que darle sentido a este canto; estamos en nuestra casa, el teatro de Roma, y con un coro que cantó magníficamente bien y que acompañó espléndidamente la orquesta. Si quieren, les propongo unirse a nosotros para que cantemos todos juntos”.

Entonces invitó al público a cantar con el coro de esclavos: “Vi grupos de gente levantarse. Toda la Ópera de Roma se levantó. Y el Coro también. Fue un momento mágico en la ópera. Esa noche no fue solamente una representación de ‘Nabucco’, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos.”

Tlatelolco, 2 de octubre de 1968

El movimiento de México 68 se inserto en un contexto mundial de luchas sociales surgidas y recreadas de las universidades luego de vivirse un periodo de bonanza económica por la Posguerra, 50 años despues nos encontramos en una mayor crisis en la que el despertar de una conciencia social es la unica esperanza.

La intolerancia, el autoritarismo, y la pasividad de la población, permitieron que se diera el trágico suceso de 1968, en Tlatelolco. A diferencia de otros países latinoamericanos que están saldando las cuentas de la represión durante la guerra fría, México sigue sin dilucidar la matanza de Tlatelolco.

Leer detalles

La Biblioteca de Babel

La biblioteca de Babel es un cuento del escritor argentino Jorge Luis Borges, aparecido por primera vez en la colección de relatos El jardín de senderos que se bifurcan (1941), colección que más tarde fue incluida en Ficciones (1944). La biblioteca parece ser infinita a la vista de un ser humano común, pero al tener un limite de 410 páginas por libro, 40 renglones por página y 80 símbolos por renglón el número de posibilidades es vasto pero finito.

http://es.wikipedia.org/wiki/La_biblioteca_de_Babel

http://www.temakel.com/artborgesbabel.htm

http://www.jornada.unam.mx/2008/08/31/sem-gustavo.html

Continue reading “La Biblioteca de Babel”

La escritura de Dios (El Aleph)

La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra se abre una trampa en lo alto, y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.
He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas, y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo.

La víspera del incendio de la pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios; pero éste no me abandonó y me mantuvo silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron, y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal.

Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui revelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después empecé a avistar el recuerdo: era una de las tradiciones del dios. Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió, ni con qué caracteres; pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido. Consideré que estábamos, como siempre, en el fin de los tiempos y que mi destino de último sacerdote del dios me daría acceso al privilegio de intuir esa escritura. El hecho de que me rodeara una cárcel no me vedaba esa esperanza; acaso yo había visto miles de veces la inscripción de Qaholom y sólo me faltaba entenderla.

Esta reflexión me animó, y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos, y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios.

Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor.

Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos.

No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel testo. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.

Un día o una noche -entre mis días y mis noches ¿qué diferencia cabe?- soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárdel, y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando: con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil: la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: “No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable, y morirás antes de haber despertado realmente.”

Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: “Ni una arena soñada puede matarme, ni hay sueños que estén dentro de sueños.” Un resplandor me despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las manos del carcelero, la roldana, el cordel, la carne y los cántaros.

Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansablee laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra.

Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escriturad del tigre.

Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.

Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora, es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad.

Jorge Luis Borges

El inmortal

The Immortal” is a short story by noted Argentinian author Jorge Luis Borges, first published in the collection El Aleph in 1949. The story tells about a character who mistakenly achieves immortality and then, weary of a long life, struggles to lose it and writes an account of his experiences. The story consists of a quote, an introduction, five chapters, and a post script.

 

Salomon saith. There is no new thing  upon the earth. So that as Plato had an  imagination, that  all knowledge was but remembrance; so  Salomon giveth his sentence, that all novelty is but  oblivion.
 
FRANCIS BACON: Essays LVIII.

 
En Londres, a principios del mes de junio de 1929, el anticuario Joseph Carthapilus, de Esmirna, ofreció a la princesa de Lucinge los seis volúmenes en cuarto menor (1715-1720) de la Ilíada de Pope. La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él. Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y de inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. En octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la isla de Ios. En el último tomo de la Ilíada halló éste manuscrito.

El original está redactado en inglés y abunda en latinismos. La versión que ofrecemos es literal.

Continue reading “El inmortal”

La bella durmiente

Versión poética del cuento de Perrault por Gabriela Mistral

Esta poesia la encontre en un libro de cuentos para niños de sexto de primaria, es un libro editado por Vasconcelos y el poema de Mistral fue escrito especialmente para este libro, no se puede conseguir en ningun otro lado.

Continue reading “La bella durmiente”